Freelancing en los tiempos del coronavirus

Ventajas sobre los Godínez.

—¿Qué tal la cuarentena? —me preguntan familiares. La verdad, no siento ninguna diferencia. Desde hace ya cinco años, tengo el gran lujo de trabajar en casa.

Y es que hay mucha preocupación por el futuro de los freelancers en este entorno de crisis: Alemania, por ejemplo, acaba de aprobar un paquete de 40 billones de euros para apoyarlos, pues se considera que serán los más afectados por la misma.

Pero, en muchos sentidos, los freelancers están mucho mejor preparados para esto que los que trabajan en entornos oficinescos y corporativos.

“Llevo dos porros y todavía no he hecho la presentación de mi trabajo” un amigo en cuarentena en Austria le comentó a mi esposa por WhatsApp. Para los que están acostumbrados a trabajar en una oficina, estar en casa es sinónimo de ocio y tiempo muerto. Muchos necesitan de esa clara división entre la oficina y la casa para ser productivos.

Para ellos, un freelancer es un vago que se despierta a la hora que se le antoja para ver Netflix, rascarse la panza y esperar a que caiga lana de algún lugar:

Pero trabajar en casa requiere disciplina —y un sentimiento culpa: uno tiene que darse el permiso para pararse de la computadora para comer, por ejemplo (como lo acabo de hacer). De hecho, al no estar confinados a horarios de trabajos fijos, muchos freelancers trabajan en exceso, y necesitan ponerse límites por salud mental. Dice Jacqueline Grabinsky, otra freelancera:

“No porque trabajes 15 horas al día, vas a recibir más sueldo, el chiste es aprender a crear estrategias que faciliten el tiempo de trabajo como si fuéramos Godínez. Me costó trabajo, pero en estos 6 meses en los que me he dedicado exclusivamente al freelance, me puse ya un horario de trabajo y decidí no atender nada de chamba ni antes ni después de ese horario. Los clientes pueden esperar […]”

Uno no está esperando a que den las 5 o 6 de la tarde para dejar la oficina: se autoimpone un horario y filtra el ruido de afuera.

Pero hay una dimensión más de la vida freelance que está mejor adaptada a los tiempos actuales. Según Sara Horowitz, fundadora del Sindicato para los Trabajadores Freelancers de Estados Unidos, la inestabilidad en los ingresos, aunado al hecho de tener que pagar gastos fijos mensuales como la renta, es el principal detonante de estrés para el trabajador independiente, quien, muchas veces, admira con envidia a los que se albergan bajo la bendita quincena.

Pero la inestabilidad financiera vuelve al freelancer más resiliente frente a todo tipo de volatilidad. Como mencionan los autores de “The Money Book for Freelancers, Part Timers, and the Self-Employed”, el freelancer no solo tiene que diversificar sus fuentes de ingresos, tiene que ahorrar para sobrevivir temporadas de “vacas flacas”. Un amigo que da clases de canto y de coro dice que se siente relativamente tranquilo frente a un escenario de falta de ingresos futuro, pues, desde hace diez años, tiene el hábito de ahorrar para la temporada de verano, en la cual escasean los clientes.

Al estar expuesto a los vaivenes de clientes, el freelancer tiene una visión más sensata de sus finanzas personales mensuales y toma más responsabilidad sobre ellas que alguien que, tras gastar todo en una televisión, por ejemplo, espera a que le caiga la quincena para pagar la deuda de su tarjeta de crédito.

Es cierto, trabajar de casa puede llegar a ser solitario, pero hasta en eso existen innovaciones freelanceras. Yo recibo mi dosis de solidaridad de plataformas como Study Hall, una red virtual de periodistas y escritores independientes que se apoyan y comparten experiencias, ratings, y miedos.

Entiendo que para muchos mexicanos viviendo al día a día, el freelanceo, como lo expongo aquí, es un lujo que no se pueden dar. Sin embargo, a todos los demás que están bajando la guardia durante la cuarentena porque el jefe no está, les tengo una noticia: los freelancers les llevan la delantera.

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Y, ahora, un video con sana distancia entre seres humanos:

No sé si saben los de la Sketchería, pero el término “freelancing” sí viene del mundo de la caballería. Según Wikipedia: “ la palabra deriva del término medieval inglés usado para un mercenario (free = libre y lance = lanza), es decir, un caballero que no servía a ningún señor en concreto y cuyos servicios podían ser alquilados por cualquiera.”

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