Inventario de pérdidas.

Para un futuro Museo de la Peste.

La semana pasada perdí un objeto de mucho valor sentimental. Eso, aunado a la noticia de una pérdida humana y la frustración de no poder ir al entierro o a la shive por el distanciamiento social, desató todo una serie de reflexiones.

(Estaba pensando en esta canción el escribir el post. Parece que todo ahora suena como un tributo a la cuarentena).

Y es que, en estos momentos, todos parecen estar pasando por una especie de luto. Los rituales cotidianos, impulsos frente a la finitud, nos han sido arrancados, desencadenando una nostalgia colectiva por una época que parece más inocente.

Como las ruinas futuras de las que habla Walter Benjamin en sus Iluminaciones, tenemos una sensación de estar siendo arrastrados de espaldas hacia el futuro, viendo vertiginosamente cómo las ruinas se apilan frente a nosotros. Es una visión del tiempo judía que, según Fania y Amoz Oz, es equiparable a estar manejando utilizando únicamente los espejos retrovisores.

En este espíritu, he desarrollado un inventario para documentar todo aquello que se ha perdido, para que nos sirva como guía cuando todo esto acabe.

Inventario de pérdidas: Abrazos; acceso al baño en horarios privilegiados; apretujones en el metro, el camión, el pecero, el Metrobus; bar mitzvahs; bares; bautizos; besos; bibliotecas; bodas; centros deportivos, religiosos, culturales y comunitarios; clases presenciales; calles, parques y plazas públicas abarrotadas de peatones; cobertura mediática de otros temas que no sean el coronavirus; conciertos; colas infinitas y apretadas para entrar a lugares; comidas familiares; coworking spaces; democracia parlamentaria (en algunos casos); diferencia entre el ocio y el trabajo; escuelas; espacios de oficinas; entierros comunitarios; huelgas; futuros a corto y mediano plazo: gigs; gimnasios; librerías; juntas presenciales; manifestaciones; matrimonios escondidos; partidos; privacidad física y de datos celulares; primeras citas; primeras comuniones; proyectos personales, matrimoniales, familiares y comunitarios; “one-night-stands”; salud mental y física; silencios; shives; turismo; trabajos; vacaciones físicas y mentales; visitas al dentista, al médico, al cirujano plástico; velorios.

¡Si tienen más, mándemelas y las subo a la página! Quizás, en el futuro, volvamos a encontrarnos con estos “objetos perdidos” en una tienda de segunda mano; estarán junto a los bustos de Lenin y Marx, los Budas y los Pato Donalds que alguna vez vi en este tipo de tiendas, en Budapest:


P.D. He tenido sueños realmente descabellados durante esta cuarentena. Pero no he sido el único. Si quieren explorar lo que otros han soñado, visiten esta página de Instagram de la artista Lucia Harari. Aquí uno de mis favoritos:

Por @meri_antoniette
Estaba en una especie de tranvía, era el último que se podía tomar para volver a Buenos Aires. El trencito empieza a ir para otro lado, desconocido y pasa por una estación que se llamaba "Perro". Todos estabamos muy confundidos. De repente empieza a ir sobre una especie de estero/delta, hermoso y lleno de camalotes. Se mete dentro del pueblo que era muy colorido y entra dentro de un negocio de ropa. Sigue metiendose y en la cocina hay unas señoras del pueblo mirando la tele. Después el sueño seguia siempre en diferentes trenes y estaciones pero cada vez lugares más lejanos y extraños.
April 5, 2020

P.D. II (Sí, dos Posdatas. Ni modo. Se aguantan.) Se viene Pesaj. Aprovecho para compartir un artículo de su servidor sobre la primera Hagadah de Beijing, que se estrenará online, ya saben porque. Aquí una imagen de judíos atravesando el mar que no son judíos ni están atravesando el desierto sino niños chinos atravesando Beijing en su camino a la escuela:

¡Jag Sameaj!